¿Te sientes amenazado por una situación real o imaginaria? El miedo es una emoción básica, un llamado a la alerta provocado por un estresor, por algo que nos toma de improviso, una situación que no manejamos, algo o alguien desconocido que nos lleva a un estado de poco control de nosotros mismos o sobre nuestro ambiente.
Como toda emoción básica es inherente al ser humano, por lo tanto en más de una ocasión todos hemos sentido alguna cuota de miedo, lo que es completamente normal. Todo depende de la magnitud del estresor, del significado que cada persona le atribuye a éste, de la conexión con experiencias previas desagradables o por el sólo hecho de enfrentarnos a lo desconocido.
Todas las emociones básicas tienen un sentido y en este caso, el miedo se asocia a la supervivencia. Si escuchamos un ruido extraño, inmediatamente nuestro cuerpo se dispone en alerta, nos prepara para actuar, hasta que nos damos cuenta que el ruido proviene de un gato, de una ventana que está abierta, del segundo piso, de algo conocido o reconocible. En una emergencia en cambio, el miedo nos sirve para movernos rápido en razón de lo que necesitemos para enfrentar esta situación, como proveernos de comida, abrigo, búsqueda de un lugar seguro, etc.
Pero si es tan normal sentir miedo, entonces ¿Cuándo se transforma en un problema?
Sencillamente cuando esta emoción se torna de tal magnitud que bloquea nuestros canales racionales, impidiéndonos tomar acción o dejándonos en manos de nuestros impulsos. El miedo puede sobrepasar nuestra capacidad de sobrellevar la nueva situación por muy diversos motivos, todos muy entendibles: Por la magnitud del evento; por situaciones internas y/o familiares que impiden pensar con claridad; por presenciar un acto violento; por sufrir directamente un ataque, un accidente, etc. También pueden haber situaciones que desde fuera pueden parecer injustificadas, pero no quiere decir que para la persona que lo sienta no sea significativo, especialmente si se es un niño o niña. Incluso hay temores que nos pueden acompañar toda la vida y que nos van a impedir el despliegue de todo nuestro potencial. Por este motivo es muy importante analizar el miedo, conectarlo a la experiencia, diferenciarlo de otras emociones, porque nos dará respuestas muy concretas; visiones más profundas de nosotros mismos o ideas más empáticas de lo que le pueda estar ocurriendo a un niño o niña.
En definitiva, al conocer nuestros miedos y el de las personas que más queremos, podemos convivir en forma más amigable con esta emoción y si queremos dar otro paso, podemos transformarlo en una oportunidad de fortalecimiento interno, de mayor control de nuestro ser y por qué no, en una ocasión para soltarlo y comenzar a verlo sólo como un pasajero en tránsito.
