Cualquier persona puede llegar a sentir ansiedad ante un evento estresante de gran magnitud o ante un hecho cotidiano de la vida. Se trata de un sentimiento que puede ser más o menos molesto para algunas personas, pero básicamente tiene que ver con alguno de los siguientes estados emocionales:
- Preocupaciones constantes por la familia, la salud, la carrera profesional o la situación económica.
- Miedos específicos a objetos, animales, situaciones, etc. que son percibidos como una amenaza real o imaginaria.
- Ansiedad por el rendimiento ante exámenes, competencias o situaciones en que se es evaluado/a.
- Ansiedad por tener que hablar en público.
- Timidez o mucha inseguridad en situaciones sociales. Puede ser extremadamente selectivo/a con sus amigos o simplemente evitar el contacto social por distintos motivos que se podrían explicar por sentirse fuera de lugar, con poco valor personal, muy expuesto a una situación de fracaso, etc.
- Preocupaciones constantes por la idea de tener algo en su aspecto físico que no coincide con las expectativas de belleza o normalidad. Se obsesiona con la forma de su nariz, del pelo o de su cuerpo y es extremadamente sensible a las señales y miradas de los otros, interpretándolas como críticas o reprobaciones.
Existen otras situaciones en que la ansiedad se torna más compleja y con un menor nivel de explicación por parte de quienes la sufren, en que los síntomas físicos pueden aumentar y presentar por ejemplo ataques de pánico, agorafobia, ansiedad por obsesiones y compulsiones, o por estrés postraumático o por estar seguro de padecer enfermedades sin realmente estarlo.
Por eso, si sientes que la ansiedad te sobrepasa, no dudes en consultar con un psicólogo, porque te puede ayudar a aclarar lo que te sucede brindándote orientación y/o invitándote a tratar tu problema en psicoterapia.
